miércoles, 1 de noviembre de 2017

El sentido del hueco

Sacar desde adentro la ambigüedad del día
Es mi meta mientras me duela el dolor paralelo,
Ese que no tiene nombre ni edad, sólo tiene movimiento.
En otras cavernas habré pintado dibujos alegres
Animales gigantes
Bestias insólitas y tiernas por dentro.
En otras cavernas me habré perdido en la naturaleza primigenia.
Pero en ésta no he acabado ninguna forma.
Se me perdieron los grafitos,
Se mezclaron los colores.
Olvidé pausar el viento,
Y hoy me trajo hasta acá
Mientras yo no ofrecía resistencia alguna.
Algo olvidé en el transcurso y ahora
Mi cabeza pesa como un lastre.
Cada día un nervio nuevo se contagia.
Y cierro los ojos y la oscuridad llena de arañitas
Me disuelve en la nada donde no me queda cuerpo.
Quisiera vivir ahí, en la noche perpetua,
Caminar descalza sin pies y sin tacto,
Perder el delirio en el pozo de los egos.
O tal vez abrazar las cosas que no existen.
No me voy a conformar con esperar.
Irme es la mejor melodía.
Mis pasos son acústicos
Vibran y cantan.
No me voy a conformar con esperar.
Al volver ya no estaré yo;
Seré eternamente otra.
escrito en Oct./2017 aprox.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Vomitarse

Tarea para el hogar:
Autoinducirse. Provocarse.
Meter dos dedos en la boca de la inconsciencia para vomitar.
Vomitar hasta que no haya nada y se expulse bilis.
Hasta que una saliva amarillenta marque el fin.
Listo.

Para la próxima clase:
Traer un puñado de poesía post exorcismo. No está permitido morir en el intento.

escrito el 21/Oct./2017

jueves, 19 de octubre de 2017

Indecible

En complot con el fuego, me llamás
y me escribís en un sueño,
desde el cual surgen duendes raros
que no conocen la belleza y aceptan
mis manos huecas para enseñarles a jugar.

En ese sueño de visiones de arcoiris y bufones,
de búsquedas y encuentros, me llamás
y me escribís para celebrar lo desconocido
y lo que no nos podemos decir con palabras.

En complot con el fuego, nace un poema
que genera en mi cuerpo el alma
de toda combustión.
escrito en May./2017 aprox.

jueves, 12 de octubre de 2017

Mientras uno sopla

El candado se destraba con el despertar inevitable
que emerge desde un punto luminoso en el centro del pecho.
De ahí al caos hay un solo y estrecho paso.
Las puertas se abren con el deseo inexorable
que se genera en la palma de la mano ansiosa
y que se desarrolla y crece en cada segundo
como una burbuja de jabón mientras uno sopla.
Si esto tuviera nombre se llamaría desvelo,
si esto tuviera definición, sería la misma que la de la pólvora.
Si esto tuviera sentido alguno, no estaríamos acá,
tan sucios, increíbles, enfermos y curiosos,
no se nos acalambraría la mente tratando de observar el todo
desde una perspectiva lejana y continua y expansiva,
ajena a nosotros, tan nosotros como externa.
Si esto tuviera un camino estipulado sería una farsa.
Pues el mundo, oigan, es eso que pica por todo el cuerpo y nos involucra,
es llenarse el culo de preguntas y mezclar las respuestas adrede
para nunca saber nada.
Si esto tuviera comienzo y fin,
nunca existiría el eterno ahora.
escrito en Abr./2017 aprox.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El ciclo

Los ciclos:
Una flor puede ser símbolo de la muerte. El peregrinaje del tiempo que caduca, la vejez en su marchitar, la finitud explícita y amarronada, la sequía y el perecer.

Una flor puede ser símbolo del nacimiento. El peregrinaje de la belleza atemporal. El néctar que es libado por los insectos, la forma vaginal y la frescura y la humedad de su centro, acogedor sexo expulsando creación.

Aquí es donde nos paramos en el punto donde se cierra y se une lo aparentemente opuesto; la muerte y el nacimiento son dos aristas del mismo espejo. Para dar nacimiento, la semilla debe ser la muerte. Nada nace ni se crea desde la inmortalidad. La destrucción o la expiración atesora lo más sagrado de nuestra naturaleza: la mecha que enciende la creación y el surgimiento de lo nuevo, lo desconocido y lo iniciador. La flor es la misma y los dos matices son reales porque son uno solo y esto se recrea en cualquier situación, contexto, en cualquier forma de vida. Es más, si hay vida hay muerte, entonces si hay vida, hay creación constante.
Parece bastante obvio pero no lo es. Si supiéramos de manera profunda y sensata que cada muerte es un renacer, la búsqueda de lo creativo sería el norte en momentos donde sólo aparece manifiesto el desconcierto.
Ya que crear es un proceso que incluye el romper, el matar, no es raro que el ciclo se cumpla de manera espiralada, iterativa. Sin embargo, romper para crear parece más natural cuando está bajo nuestro control que cuando no lo está. ¿Eso se debe a la inconsciencia del ser parte del todo? Así como nosotros podemos deshacer o destruir cosas para hacerlas renacer en otras, así también el todo puede deshacernos o destruirnos para que renazcamos en él y lo enaltezcamos. Pero como el lenguaje de este proceso está en un nivel más alto y fuera de nuestro control, nos parece cruel. Cuánto cambiaría nuestra percepción si asimiláramos esto de manera sencilla y natural, sabiendo que no hay manera de que exista la muerte absoluta ni la destrucción absoluta. Sino que lo único absoluto es la transformación y que de ella bebemos para existir. Sin ella no existimos. Y que no esté siempre bajo nuestro control es una de las mejores cosas que nos pueden pasar. La experiencia está a un milímetro nuestro, solo debemos tomarla y vivirla.
La transformación es la energía que fluye y restaura cada elemento atómico. La transformación equilibra. Irónicamente, nosotros como personas vivimos las transformaciones como tambaleos en nuestra existencia. Nos cuesta mucho salir de lo conocido, del círculo de confort, y entonces renacer es un camino que no todos eligen (al menos conscientemente). Allí es donde la muerte toma forma y se vuelve más poderosa: se traduce en miedo. Se enraíza y envejece. Allí es cuando vemos la flor en una sola faceta, su fallecimiento sepia.

Para dar nacimiento, la semilla debe ser la muerte (de algo). Nada nace ni se crea desde la inmortalidad. No obstante, el ciclo es transformación y es un ciclo infinito. Si no nos amoldamos a una definición de inmortalidad estricta, podemos descubrir entonces que morir y renacer, es decir, transformar, es la manera más sublime y tangible que poseemos para ser inmortales.

escrito en Sept./2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

El sueño de los hombres (mediocres) y los pájaros enfermos (que es lo mismo)

Sentía que volaba.
El frenesí se apoderó de su bicicleta y ella la montaba en un vaivén de emociones. Llevaba una remera holgada, jeans azules y zapatillas Convers, el viento le atravesaba la cara y sus piernas parecían poseídas por un extraño baile volátil e inalcanzable.
Los autos a sus costados, a sus espaldas, por todos lados, no la ponían nerviosa. Sin embargo, no pasaban desapercibidos ante sus sentidos. En respuesta, ella lanzaba grandes risotadas sobre ellos y les cantaba a los gritos canciones desconocidas, sobre todo, cuando circulaba velozmente entre los delgados pasillos de los embotellamientos y sentía en su poder todo el universo encastrado entre las cadenas oxidadas de la bici. Pitaban los guardias del tránsito, sonaban alarmas por doquier, y las bocinas no se quedaban atrás. Ella, empero, solo sentía que volaba.
La avenida Laprida estaba a escasas cuadras hacia la dirección a la cual ella se dirigía y dos lapachos se levantaban a su derecha, donde un perro caminaba lento oliendo alrededor para encontrar un espacio propicio donde satisfacer sus urgencias. Ella observaba todo como un paisaje hermoso y ajeno, y la alegría inmensa y el alboroto de sus células la hicieron levantar sus caderas del asiento y forzar más a las piernas a girar en torno a los círculos que dibujaban sus pies y los pedales. Eso aceleró vertiginosamente la ya fuerte velocidad, lo que en conjunto con su placidez, ocasionó que abriera los brazos como un Cristo y se sumergiera con toda la profundidad de su respiración a la liviandad que le estaba siendo otorgada, así, tan fácilmente, tal libremente. Tan enorme.
Tomó nuevamente las riendas del vehículo con las manos en el manubrio y a los pocos minutos, cuando estaba a punto de cruzar la avenida, un colectivo rojo, incrustado de cartelitos y pegatinas y gente (estrenando sistema Sube y no estrenando su sistema de frenos), irrumpió en la esquina con el porte y la vehemencia características de tamaña máquina que transita todo el día, hora tras hora. Ella alcanzó a sentir el impacto en su pierna izquierda y el impulso que apresuró diez veces más su velocidad hacia el cielo. No alcanzó a pensar en sangre o en muerte o en dolor; su sensación de ligereza se acentuó, entonces no encontró motivo para pensar en una ruptura colosal y triste, ya que su vuelo estaba adquiriendo al fin la cúspide de altura, pureza y rapidez.
Se echó a reír en medio del aire antes de sospechar cualquier golpe. Se reía, porque sentía que volaba.
escrito el 07/Sep./2017

jueves, 7 de septiembre de 2017

es que no crecí

es que no crecí, y no quiero
leo mi Dailan Kifki como cuando tenía 7
es que no quiero una vejez
sino una juventud sabia hasta la muerte
es que no crecí
aunque mi otro yo me quiera hacer creer que sí
aunque mi otro yo se amolde a lo que se supone debo hacer
aunque mi otro yo me afirme que soy una mujer adulta
no tengo ganas de creerle

es que no crecí
aún me tiro a escuchar a mi abuela en su cama
como antes
aún me río con el Chavo del 8
aún me comporto en situaciones como cuando me tocaba contar en las escondidas:
siempre escapaba con el cuento de que mamá llamaba a cenar
aún me comporto en situaciones como cuando me ponía a mirar películas de animales:
siempre terminaba llorando a escondidas
aún...

es que no crecí, y no quiero
no quiero porque no deseo que me dejen de gustar las enciclopedias llenas de quásares y galaxias
no quiero porque no deseo que me dejen de interesar los fósiles y los crucigramas
no quiero porque no deseo que desaparezca la historia de mis rayuelas
no quiero perder la sensación que me aparecía en las noches de pequeña
donde sentía raro el mundo, donde percibía el todo,
donde tenía miedo
un miedo introspectivo y feroz
una timidez inmensa
una mente solitaria
un rincón con barbies regaladas y jamás usadas
una mesa de naipes con mi abuelo enfrente
un silencio
sepulcral
en el patio
mientras la lluvia me bañaba y yo bailaba feliz imaginando historias

esas mismas historias que hoy imagino
cuando algo me hace sentir chiquita
cuando una mano se posa en mi mejilla
cuando un espejo me dibuja despeinada
y cuando mi otro yo no me anda hinchando
con esa mentira de que crecí
escrito el 07/Sep./2016

lunes, 4 de septiembre de 2017

Nos pican

Acontecieron los mundos
cortaron las calles
vaciaron los basurales
devastaron los mares

encontraron el vicio
en el punto efímero
de un dios hecho llama

sacudieron lo macabro
con voz de emperadores muertos
sedujeron a la humanidad
con realidades opuestas

molieron las semillas
del nacimiento
en un pozo lleno de magma.

El comienzo o el fin del mundo es lo mismo.
Transcurrimos y nos pican
las escamas al rozarnos.

Vos pez
yo pez
ellos canallas pescadores
eructando los tabúes.

Vos agua
yo agua
ellos represas y contaminación
vomitando arbitrariedades.

Vos y yo mundo
arena infinita y constelación
la muerte inexacta
la muerte dulce
la muerte sin muerte
el desapego hacia las cosas de este plano.
Vos y yo todos los planos
invitación al nado
levitación promiscua y célebre
canciones y palabras...

Adoro acudir a cada método que nos reúna
en la decadente destrucción.
escrito el 14/Ago./2017

sábado, 19 de agosto de 2017

La extrañeza

¿El ruido de la moto destruye el silencio?
¿O es la posibilidad de mi percepción la que me hace oír más fuerte el ruido antes que la nada?
¿Cuál es la posibilidad menos posible que quiero transitar ahora?
Leo que Spinetta dijo que cada nota es una esperanza mientras que el silencio no tiene más esperanza que la de ser una nota.
Pienso largamente en ello.
¿Quién soy cuando acude a mí el silencio?
Buena pregunta Julieta.
A veces creo que puedo ser un fantasma de esos que pasan desapercibidos
cuando en el plano del silencio, la muerte toma forma de ruido.
Pero el silencio generalmente es la muerte de algo
(de un acorde de guitarra,
de un portazo,
de un accidente de tránsito,
de un suspiro, etcétera).
Entonces nada me queda claro.
Podría contar que cuando estoy inmersa en mi silencio,
me asaltan las lejanas vacilaciones
donde siento ajenas mi piel y las cosas del mundo,
surge de repente la extrañeza,
o bien la introspección me lleva a recrearme sin cesar
en mil situaciones y personajes que no soy o tal vez sí
pero ahora no.
Podría contar que hay una zona entre la garganta y el pecho
que se lastima cuando el cerebro trabaja de más,
o que escucho diversas voces que hablan de lo que no,
de lo que nada, de lo que casi, de lo que pero.
Y así el silencio me baña de excusas.
Hoy puede ser distinto, me convenzo
pero él crea sus propios símbolos
y quizás también, sus propios tiempos.
Por ejemplo, en este momento estoy hablando en slow,
como si me hubieran ralentizado el alma.
Puede que de eso se trate,
que el silencio sea la pausa de la velocidad
en la meditación del mundo.
Nunca sé si podría encontrar el silencio absoluto.
Todo en el universo vibra con ondas sonoras
y dentro del rango que percibe el oído humano,
creo no poder hallar la ausencia total del sonido.
Tal vez ese sea mi problema.
Tal vez se estén escapando las palabras que dice el silencio
ante tanto barullo.
Tal vez esto que digo es el silencio cansado,
o la esperanza de ser algo más que una nota,
o la esperanza, así, lisa y llana, de no ser vacío.
escrito el 17/Ago./2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Ningún camino conocido

perder
girar
no absorber la dolencia
saber que duele
girar
encerrar
no ver el sol
vomitar  rodear  pedir
necesitar
obedecer
parar   continuar
ganar
morir en la fila de un banco o haciendo trámites
morir mientras una pareja posa frente a un auto nuevo
diciendo bienvenido bebé al brillante vehículo
volver a vomitar
sonreír
vencer
soltar
atraer
olvi dar
poder   sacar   involucrar
caer
caer
pisar
lo que atascaron en la tráquea
lo que se olvidaron de llevar
la angustia
esa ameba a la que tanto le gusta vivir en el tórax
roer  morder  cagar
lo que impusieron
alabar
lo que frenaron
aquello que insultaron
aquello que violaron
sin sed  sin amor  sin búsqueda real
morir de nuevo   aguantar
rezar a un elefante de porcelana que tiene un sahumerio en su lomo
balancear  equilibrar  pulir
pelear
porque
hicieron moco lo nuevo
(la sabiduría es lo único que quiero encontrar)
escupieron todo lo esencial
(la sabiduría es lo único que quiero encontrar)
saber   estar   volar
cada imposibilidad   torcer
curar
ningún camino conocido
corromper
todo
todo
todo
y esperar
escrito en Jun./2017 aprox.

jueves, 3 de agosto de 2017

Anatomía de un espejo

Anatomía de un espejo
síntesis imantada
amor amarillo
duplicidad
complicidad.
Impacto, pacto, extracto.
Solo me queda exprimirme.
Ninguna mueca
ningún hastío.
Coma, punto. Paréntesis abierto.
Te amo.
Paréntesis cerrado.
escrito en May./2017 aprox.

martes, 1 de agosto de 2017

Inercia

Quiero tatuar
este momento
la forma en que se solapa
la cortina
y flamea un poco
por la brisa del ventilador
y se filtra la luz de afuera
y…
Conciencia derribándose
así soy y estoy
tatúo la pared
que dibuja nubes de humedad
cerca del techo.
La luz tenue de nuevo.
La sombra
de mi pie
de mis brazos
de una de mis palmas
abriéndose.
Un momento de inercia pura
y de escape
madrugada
sólo acostarme
mirar
y cuasi dormirme
sobre un colchón de pensamientos.
La ventana es la que observo
antes de dormir
las sombras bailan
en mi cama.
Es un circo
un instante simbólico
o una muralla propia.
Como sea
me gusta contemplarlo así
sorprenderme en la comodidad.
Porque los momentos de soledad
como éste
son deliciosos.
escrito en Mar./2013 aprox.

lunes, 31 de julio de 2017

La asociatividad de las batallas

Una nueva de las que más aturden, una nueva batalla con balas de fuego se abre paso, lleva halcones furiosos, guerreros de espadas de madera. Esa es la nueva que me toca, una batalla con gloria remota, cepillos de dientes a kilómetros uno de otro, madurez pobre pero sensata, perturbación de los sentidos y de la concentración, perdición. Esa es la descripción correcta: perdición.
Una batalla cotidiana que se abre paso entre sonidos difíciles-distintos, claros oscuros, y regreso a la abstracción eterna. Bucles infinitos, ¡infinitos!, que se asocian entre sí y me mandan a matar.
No lo viví antes, o sí pero diferente, o tal vez no al fin. ¿Por qué? ¿Porque condicioné mi destino? ¿Porque tengo responsabilidad en la destrucción a la que recurre mi propia cotidianidad? ¿Porque simplemente me rodeo de todo lo que me lleva a esa misma batalla colosal, como masoquista quejándose y rogando más a la vez?
No sé, pero dejame con mis ocurrencias estúpidas y mis pensamientos turbadores mientras tanto, que las batallas mismas ya me quitan demasiado tiempo, demasiado, peleando sin ganar.
escrito en Abr./2014 aprox.

domingo, 30 de julio de 2017

El eslabón

Le dije Gracias al chofer del colectivo ni bien frené y logré respirar. Corrí desde una cuadra atrás y no sabía, hasta que lo noté sonriendo, si me había visto en tamaño apuro por alcanzarlo. Además, no había nadie esperando en la parada, por lo cual no tenía un motivo para frenar, a no ser que.
Después de reírse y de mi Gracias sonrojado, desplegué la tarjeta y el pip vomitó un boleto. El calor en mi cuerpo me despertó de repente de la pereza matinal, y me reí de mí misma viéndome correr desde la ventanilla, es decir, con los ojos, quizás, del hombre que está a mi izquierda ahora y que parece observar todo con cautela y asombro.
Le dije Gracias al chofer como si su gesto significara el eslabón que perdí la mañana anterior, o la fe en la ternura que también pierdo algunos días. Le dije Gracias al chofer como si me hubiera salvado la vida.
escrito el 28/Jul./2017

viernes, 21 de julio de 2017

De frente y sin espera

Sucedió que en un momento tuve dos soles: uno a la izquierda y el otro a la derecha. Me encandilaban por igual, sentía la calentura exquisita y necesaria mientras el reloj daba las ocho y treinta. Los de repente asiáticos ojos vieron un reflejo perfecto del sol en la ventanilla.
Un portón pintado de violeta fue el escenario ideal para una chica con tacos altos y vestimenta formal que se dirigía en la misma dirección que el colectivo, la fila en el domo ascendía con la persona que se podría contar era la número doscientos, la laguna seguía intacta de luz, un barrio nuevo asomaba cada vez que alguien sonreía o hablaba del casamiento de Messi en alguno de los asientos, y yo iba contenta porque tenía, para mí, dos soles.
Uno a mi izquierda y otro a mi derecha.
Coloqué mis auriculares con la música respectiva en cada oído calentito y receptivo, me hacía la que nada, pero yo sabía que los soles se debatían guerras y jugaban a cuál calentaba más mi carne destemplada y mi desapego.
El mecanismo inconsciente que se descontrola con un mísero trabajo de bacheo; las bocinas y el epitafio de una fila de trámites provocaron que me ría descaradamente con los soles y me pusieran los pómulos colorados. Otra vez la sensación irónica de no ser parte de...
Y así sucedió que el reloj dio las ocho y treinta y seis y el colectivo se encontró con la monótona tarea de doblar cuando hay que doblar y que es como nosotros que tenemos que trabajar cuando hay que trabajar y comer cuando hay que comer y casarse cuando hay que casarse y salir de vacaciones cuando hay que salir de vacaciones y...
El colectivo dobló y se encontró con el este, de frente y sin espera.
Y así fue como, en una lenta pero firme secuencia, mis soles se hicieron uno.
escrito en Jun./2017