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miércoles, 23 de noviembre de 2016

European son

Mientras la mosca refriega sus patas en la ventana
yo le cuento un cuento en nuestra pieza
que para este entonces está más caótica y perturbada
que European son
y se queda dormido encima mío,
mis piernas abiertas me duelen
pero lo dejo
porque Tom Waits nos susurra desde su vaso de whisky
y él no sabe lo que eso
y vos no sabés lo que es eso.
Mi hombro derecho
percibe la pesadez de su mentón
mientras mis manos dibujan espirales y firuletes
en su espalda.
Eso cuentan las yemas
y él no sabe lo que es eso
y nadie sabe lo que es eso.
Pero en nombre de ellas
y en nombre de las terminaciones nerviosas,
en nombre de toda la poesía que conocí en este mundo,
juro
que vi todo el cielo por acá.
escrito en Nov./2015 aprox.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Trashumante

Acerca una de sus manos vacías.
Contempla el viento del norte que trae aroma a cítricos
se desata en él un caótico sentir, una fiebre,
siente sus yemas como fuego vivo
entonces es cuando acerca una de sus manos vacías…
roza la frente de ella, hablan despacio muy despacio entre sí
las huellas dactilares con los cabellos marrones rojizos,
descienden los dedos como en un desierto de sal,
deciden apunarse sobre la montañosa nariz
hacer un breve descanso en la cima y retomar el camino de bajada,
bordear los labios como si constituyeran
un cráter volcánico misterioso a punto de explotar
pero luego los acarician despacio
comprendiendo que no es volcán sino puro y rojo río, lleno de peces
y es allí donde entiende
que ningún lugar queda lejos, que no hay norte ni sur
que todo es circular
que ama la geografía de cada lugar, de ella,
y la mano se mueve haciendo caso a esos pensamientos,
salta lunares, y se desvía por el mentón hacia un lado
se inserta en la llanura extensa del cuello
y se topa, en breve, en un desierto con dunas inhóspitas hasta
que comienza la subida.
La piel en este rincón es como un verde llano: muy fácil de caminarlo,
los dedos serpentean cada pezón
los envuelven, los hipnotizan con el tacto,
los erizan y los traicionan, los buscan, los pierden.
Hasta que cae en el ombligo la brisa del jadeo.
La mano ya no está vacía, la mano ahora es abrazo
la mano ahora está llena, concisa, vibrante, la mano ahora
deja marcas.
El viaje sigue, los dedos son trashumantes eternos
sin el azul del tiempo,
olfatean los nuevos rumbos,
no se limitan a los límites, paralelos y meridianos,
hablan todos los idiomas, saben todas las rutas, conocen todos los parajes,
no sacan pasajes, sólo caminan.
Bajan sobre el trecho que los llevan
desde el comienzo del abdomen hasta el pubis,
se entremezclan con la humedad amazónica
absorben la vida, la madre-tierra, el simbolismo indio,
la soledad del río, el mismo paisaje que visualizaron cruzando la boca,
investigan la dulzura, el terreno sin espejismos,
el claro y fresco sendero
que los lleva a una cueva llena de cascadas y vertederos,
de fertilidad, de bosque, de cuenca
espesa, tibia y solemne.
Sólo se detienen un momento allí
luego recorren las dos largas extensiones arenosas,
con fragancia a playas
impasibles de palmeras y caracoles,
las piernas,
blancas y arrolladas levemente
cuales laberintos, que la mano ya llena, ya extasiada de tanto mundo,
ya colmada de tanto punto cardinal,
roza consciente de la travesía por cada poro
y se divierte trepando la colina de una rodilla,
consolidando el siguiente paso en la pendiente nula de la tibia
saboreando lo rocoso del tobillo
hundiendo las yemas, de a poco, entre los dedos de los pies,
mientras ella, es decir el mundo,  es decir su mundo,
se desliza apenas, se despierta,
se despereza
y le sonríe desde la almohada llena de gaviotas.
escrito en Jul./2016

sábado, 17 de septiembre de 2016

Hasta que choque China con África

Un felpudo lozano, ese beso encarnado
la vida
sensoreada, monitoreada por nuestras manos;
los dos
creciendo entre sinuosos párpados que nos miran.
La cinta de Moebius,
las pausas encontradas,
los soplidos en el pecho,
la saliva desechada.
Extasiando, sí, al unísono
nuestros cuerpos incandescentes
misteriosos cuerpos
y pliegues de piel significando sonrisas (miles).
Ampollas del fuego,
viejas heridas
y luego, la penetración.
Todo eso es etéreo y eterno a la vez,
es la fundición de metales,
la Vía Láctea,
un perro hambriento y sin hogar,
la angustia dulce de saber
que se acerca el final
que el arriba el abajo el debajo el sobre,
el supuesto martirio
se va empapando hasta llenarse de humedad,
hasta caer de tanto peso,
hasta ceder el sudor a la almohada.
Empotrándonos todo el mareo
que transporta esa falta de aire
que nos promete segundos de inconsciencia
al alcanzar la sensual muerte.
Y al primer minuto posterior,
cada lengua se deshace
investigando un poco más
la dormida impronta del adiós.
Convenciéndome de que a partir de ahora
saciando sedes atrasadas y de manera incansable
te voy a perseguir.
escrito en Oct./2014 aprox.

viernes, 24 de junio de 2016

Esta lengua

Con la miel pegajosa escribí tu nombre. Lamí las letras con placer y preferencias: primero una S, después una A. Sentí en mi garganta tu nombre entrando, ingresando en un torrente lento de saliva, y me fascinó el sabor, más que de miel, era de cerveza escuchando los Beatles, más que de miel, era del sabor simple del sexo, venerado y honrado, con besos ahogados; más que de miel, era sabor a pan, a paz, a “Por” deletreado por Spinetta, sonando bajo, lejano en Artaud.
Con la miel pegajosa escribí tu nombre, y me sonrojé de dulzura, tratando de no embriagarme con tus gotas más espesas, más espesas y ariscas.
Unté todo, con tu nombre: la mesa, las paredes, el piso. Mi lengua danzó feliz y absorbió tu nombre de a ratos, como dosis necesarias y exquisitas, diarias.
Mi lengua serpenteó tu nombre, los recovecos de la O, los deslices de la L, y tragó con éxtasis toda la fonética, toda la pronunciación y liberación de tu nombre, escrito y reescrito, enfatizado y apostado, dispuesto al derecho y al revés, en todas las posturas y situaciones, donde la garganta me dolía, donde la garganta me pedía que grite, donde la miel me ardía y me mostraba que tu nombre no duele, pero que si exagero empalaga, que tu nombre se puede saborear, y que voy a cometer el gran pecado de dejarme pegotear por vos, figurado en un tarro de miel, por el sonido de tu nombre llamado por mí y por esta puta lengua que constantemente te busca.

escrito en Jun./2015 aprox.