domingo, 14 de enero de 2018

A que no te animás

Una mano toma otra,
electriza la palma con su palma,
cuenta los dedos con sus dedos,
llueve y da de llover mientras una guitarra
sonando nubla el techo-cielo,
resuenan cantatas para puentes en las huellas digitales, sales,
serpientes sin veneno, desiertos prometen
tacto y hastío, altas temperaturas y oscilaciones,
un safari espontáneo, visiones de fauna, leones durmientes,
estanques, monos y tigres (tigres que se ven en la lluvia de Spinetta)
sí, todo llueve
el pliegue, la yema, las líneas de la mano contando secretos.
A que no te animás a encender el fuego
desafía una de las manos a la otra,
a que no ardés, a que llueve en la mecha
primeriza y consternada de la noche.
A que sí, dice la otra.
Y el juego comienza pronto.
Una mano toma otra y se calcinan en el viaje
y una se ríe, y la otra consigue el vuelo
y las agujas del reloj frenan como dedos que se murieron.
escrito en Mar./2017 aprox.

viernes, 29 de diciembre de 2017

¡Qué!

El pleito entre un cerebro y un papel y un ser
que se des-encastra como un tetris a la inversa
perdiendo piezas para formarse,
es, en esta tarde, el escenario ideal para
sortear fantasmas e invocar a la muerte
más exquisita en una gota de sudor,
a la sonrisa más auténtica en una arruga
al final del párpado,
a la belleza más arrogante en un reflejo en movimiento,
a la perdición imbécil de un poema
que no se ha dicho ni pensado nunca.
Y así
como una frase que decora la puerta de un baño sucio,
aparece la consciencia, desnuda el alma
y la somete a las letras.
¡Qué disrupción tan elevada!
¡Qué tormenta tan pecaminosa!
¡Qué grito tan tenebroso!
¡Qué melancolía tan vívida!
¡Qué misterio tan en carne viva!
¡Qué juego tan laberíntico!
¡Qué doble filo tan fugaz, en todos los latidos,
en cada uno de los coágulos de sangre!
escrito en Mar./2017 aprox.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Sinestesiados


Sin cuerpo y sin restos tangibles
pero electrizándolo todo con ráfagas de luces
así te veo en la noche
cuando cierro los ojos y te hacés música.
escrito en Mar./2017 aprox.

martes, 19 de diciembre de 2017

Como a todo

Nos vi incluidos, hermanados
como el jazz y el blues,
aturdidos, acabados
con pestes entre las manos.
Nos vi enteros, y fragmentados
felices y desolados
cautivos y liberados.
Nos vi desde cada ángulo,
encontrados.

Nos vi como a todo, contrariados.

Nuestras miradas inventaron los paisajes,
nuestros pies nos contaron el verano,
oí a tu lengua, besé tus párpados
y supuse la condición de irrepetibles
cada vez que nos eternizamos.
Cambiando el cielo, nos cambian los halos.
Soy tuya porque soy de todo,
de la lluvia, del río, de la sed, del caos.
Soy tuya porque elijo encomendarme
a crecerte en cada lado,
a envolverte con mis ramas
para que te conviertas en pájaro.

Nos vi como a todo, completados
por la corriente, por el vaivén,
por el espiral enredado
del amor que no sofoca ni hiere,
solo admira lo que es diferente,
del amor que no muere,
solo amanece y florece.

Nos vi altísimos, sin sombras
sin piernas ni brazos, solo labios.
Nos vi como a todo, cambiantes
y sin embargo, tan exactos.
escrito el 02/Dic./2017

lunes, 18 de diciembre de 2017

Eléctrico

Despertar en el dipolo insensato
o frente a dos paredes infinitas
con cargas distribuidas, de los signos que quieras,
llevando tal densidad volumétrica,

inmersa en campos que si son o no
uniformes, me marean igual
y me tiran con fuerza, es
como configurar los ángulos esos

que indican que perpendiculares
no somos
y que hay un coseno
por el cual multiplicar esta desidia.

En el caso de que seas
una carga de prueba,
no significa que seas una carga
para la gente que no entiende de protones.

De todos modos,
en la uniformidad o no, sólo sé
que ante esta cerrada superficie
que encierra tu electrización

lo único que distingo,
y que influye en los alrededores,
son las líneas de fuerza infinitas,
esas que salen radialmente,
hacia todos los puntos por igual

desde tu sonrisa.
escrito en Jun./2012 aprox.

sábado, 16 de diciembre de 2017

¿Estará mal?

El día que renuncié a mi trabajo supuse que la rutina estaba hecha para romperla, entonces procedí a deponer mi cansancio en una locación de alternativas suficientemente esperadas como para sumar escalonadamente a la sensación esa casi imposible de definir, que muchos llaman felicidad.
Bien, supongamos que se llama felicidad (y así la quiero llamar). ¿Estará mal?, me pregunté.
El día que renuncié a mi trabajo sabía que estaba haciendo algo que muchos no harían; que por el futuro, que por la situación económica, que por el "qué pasará", que por el... Cajita de proyecciones, eso es siempre lo que tenemos más a mano, ¿y el ahora?... Entonces, la cajita de proyecciones también se rompió y se convirtió en el "ahora", en el "basta por hoy", en el "hasta acá llegamos". Ahora, bueno, ahora vivamos del ahora hasta donde podamos.
El día que renuncié a mi trabajo supe que ese trabajo nunca me había gustado, pero me había servido, que nunca me había sentido tan cansada, pero que ahora podía retomar algo de lo que había dejado sin tocar el abismo estresante. Fue así que vine a refugiarme, sí señores, y olvidarme del cumplir el horario donde debiera convertirme automáticamente en maquinita que no piensa, sino que sigue un procedimiento tantas veces absurdo.
El día que renuncié a mi trabajo me pregunté, dejar de ser maquinita que no piensa, ¿estará mal?.
Un zumbido de preocupación siempre hay, ojo, pero hay también alguien que disfruta de la música o de un partido de truco o de una tarde sentada en el pasto o cualquier cosa chiquita-cotidiana-simple. Eso es lo que no quise perder, renuncié a mi trabajo porque no lo quise perder.
Y porque la lejanía cuando se necesita un abrazo es todo un tema que la maquinita que no piensa no tenía más ganas de soportar. El día que renuncié a mi trabajo estaba segura de que hay muchas cosas mejores, que vendrán solas y casi sin buscarlas, y mientras tanto, será el proceso continuo que lleva a la felicidad, a soñar, a poner un disco de Miles Davis y poder escucharlo entero porque hay tiempo y no se anda corriendo.
El día que renuncié a mi trabajo me pregunté ¿estará mal querer disfrutar más y correr menos, estará mal pensar menos en el futuro y más en el ahora, estará mal escaparse un rato, por tiempo indeterminado, para socorrerse de la rutina infeliz o de la inconsistencia de los principios, estará mal salir de esa cueva y respirar un poco?
Yo creo que está bien, muy bien.
escrito en Jul./2013 aprox.

viernes, 8 de diciembre de 2017

En los pensamientos nadar

Varias veces he tenido pensamientos de colores
colores, sí, colores olores colores
verdes y azulados y amarillentos.
En cada pensamiento, un miedo, una flor y un tobogán
para deslizarme,
cientos de soldados batallando
y un sin fin de circos.

Los pensamientos pueden ser
de agua de arena de cielo de miel
en cualquiera de ellos se puede aún nadar
recorrer
y salir, o no salir si no se quiere.
Varias veces he tenido pensamientos
cada uno de ellos con pastos selvas mareas
larvas y pequeños
saltamontes.
Y no es que no hayas estado en algunos
de mis pensamientos
sino que te he transformado
en sapos, cuchillos o águilas
o cosas por el estilo.

Muchas veces he tenido pensamientos
en vano
solamente para nadar un rato en ellos
y sonreír.
Sin ilusionarme, sin creer,
sólo pensar sentir oler crear volar pensar nuevamente,
y correr.
No llorar, correr.
No golpear, correr.
Y he traído de mis pensamientos
los mejores instantes
de luciérnagas bosques y ensueños
pisadas y nubes blancas, no grises.
Y en esos pensamientos me he zambullido
como mil peces
he traspasado
las sombras, los fuelles, los puentes.
he vislumbrado
más colores, desconocidos, más.
Y más.

Colores que no existen
o que se mezclan.
Y he vuelto a nadar en un mar de sonrisas leves
y ojos bien abiertos
y mejillas bien redondas
y manos entrelazadas
que se aparecen en mis pensamientos
como burbujas de agua en ebullición.
escrito en Jun./2011 aprox.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Un noche de blues

Charli es el mendigo
Sonriente de la nada
Pesca el sol con la mano
Y escribe sonetos a las hormigas. 
Charli frecuenta el pasado
Embiste el mundo 
Pero no huele el fermento
De sus olvidados amores.
Charli marca el ritmo 
Con el pie izquierdo
Toma la guitarra en su cubículo,
Cabina invisible de peatonal.
Arremete con un vaivén 
Que suena a delta blues
Y después saluda con su sombrero 
Donde caerán las monedas.
Charli no sabe tejer el miedo
Ni rechinar los dientes,
Solo pretende
no pretender nada
Y perderse enseguida
En un humeante paseo
De esos que el sonido realiza
Ante el sempiterno e inconsolable ahora.
escrito el 29/Nov./2017

jueves, 23 de noviembre de 2017

Tarde


La esquina que nunca deja de doblarse
ese círculo eterno y éter,
es la bocanada impuntual de los que no se acostumbran
a llegar siempre tarde
a la experiencia del amor.
escrito en Ene./2017 aprox.

martes, 21 de noviembre de 2017

Sunday morning

Mates matinales, mata-ojos-lagañosos
y vuelvo siempre a la musiquita (la salvadora)
en el domingo donde me contento
porque es una realidad que el cielo se ve bien lindo
en mi Villa Ocampo
y la gente que adora mirar el cielo
es la misma que un domingo
toma mates matinales
como si fueran su único tesoro.
escrito en Mar./2017 aprox.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Perdurar


lo efímero me preguntó mi nombre
le contesté que no lo sé
lo efímero me presentó el cielo como una ensalada de perversiones
lo entibié aún vencida
lo efímero me dijo que no tengo edad
entonces sonreí
escrito en Oct./2017

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Loviu no puedo hacer otra cosa

Caminante como cualquiera, urbana
limpia el polvo de las botas
y se sube a un nueve vacío.
Puede ser cualquier día de la semana,
eso es lo de menos;
ella jamás absorbe la incoherencia del calendario.
Pero sí responde a los mecanismos,
y a veces se sorprende todavía
rompiendo reglas que encuentra.
Te ve, en ese punto
que atraviesa su mirada,
tiene una epifanía donde dormís a su lado,
o la amás, o le decís abrázame inocentemente así,
elige, porque puede.
Te ve, en ese punto
y la imagen se vuelve ya parte de ella,
deja de ser una pantalla,
viaja, adora la teletransportación.
Está con vos, te ve cruzar una vereda,
te ve caminar por un bosquecito,
te ve observar el césped,
una vaquita de San Antonio,
un arroyo que calma,
una calma que huele cuando se acerca a vos
y vos sólo sentís una brisa
y no sabes bien de dónde viene,
está con vos, te ve prender un cigarro
y tirarte en el sol
y te susurra los pensamientos que crees que son propios
de tu incansable mente,
pero esta vez es ella, y en un momento
se da cuenta que debe bajar del nueve pronto,
que faltan apenas unas pocas cuadras.
Se despide de vos con un beso
que llega a Córdoba en forma de canto de pájaro,
y cuando pone el pie en el escalón para descender,
se acuerda de repente de la existencia de una pared,
y te escribe en un segundo lo que desea que recuerdes siempre.

Ella no puede hacer otra cosa.

Caminante como cualquiera, termina de bajar
y respira el aire que dejó sin devorar el movimiento del colectivo,
se ríe mientras las botas se le llenan de polvo
y te ama tanto que no puede despertarse sin amar.
escrito en Sep./2017

lunes, 13 de noviembre de 2017

El límite ese

En vista de que el verdulero rebajó los precios, el libro que estoy leyendo tiene un personaje con un nombre que me perturba, la birome se entrecorta y eso me obliga a remarcar cada palabra porque si hay manía que no me falta es la de que las palabras no se entrecorten por la chiflada birome gastada... En vista de que mis entrañas se retuercen, de que no soy un autómata determinístico, simplemente soy no-autómata, no-afanosa, no-previsible. En vista de que la fascinación es incompleta, las verdades separan las estructuras, en vista de que sigo puteando a la birome cuya tinta se entrecorta, y que el sonido de la pc es cada vez más misterioso.
En vista de todo eso, puedo llegar a deducir que las cosas serían un poco menos difíciles si fuese piedra-papel-tijera al mismo tiempo, enajenando todo juego perverso, invadiéndome de mí hacia mí, llegando al polo negativo donde converge todo lo positivo que no encontré en muchos.
Podría deducir también que no hay refutación a dicha deducción, que la muerte lenta de la espuma del café no se asemeja a esta muerte lenta del mirar pasar el tiempo, buscando eso que perdimos, eso que no ganamos por haber sido autómatas finitos, y de sí haber sido afanosos, previsibles y mezcla de tv, luz artificial y carpetas.
Podría deducir que me importa poco, y realmente nada, que alguien entienda estas palabras entrecortadas, porque no las puedo no-mezclar; no son autómatas y no se arrepienten de no ser verdulero-entraña-birome-estructura-sonido. Son, sino, sólo eso: palabras…acercadas al límite entre lo que ésta yo quiere decir y de lo que ésta otra yo está completamente negada a expresar.

escrito en Ago./2012 aprox.

martes, 7 de noviembre de 2017

La especie

   Adentrados en esta lluvia
   haría filtrar la voz de Etta James
   para que no hiera de blues
   y así, en medio de la negrura,
   el fuego explote al vernos
   y se amarguen las madrugadas ásperas.

Todo es un rock en mis dientes.
Las muelas me fastidian los anhelos;
hoy regreso a octubre en un columpio
voy y vuelvo de verso y reverso,
te absuelvo, te dibujo con polígonos.

   El fuego se inundaría al vernos.
   Tanto aguacero, y, sin embargo,
   lloraríamos lava.

Mi sexo es un carruaje que te transporta.
Tu sexo es la sinfonía de la naturaleza.

   Nos subiríamos a la nube inmediata apenas,
   y dentro mío se fugarían tus fractales.
   Granizo o magma, no sabríamos
   cuál de los dos colapsaría primero.
   En tu piel desnuda, Etta James
   exorcizaría sus graves.

Estoy entera pero residual,
extraño no extrañarte en el puente,
no alabo lo fácil ni maldigo lo difícil.
Soy una mueca de lo que seré mañana.
escrito en Oct./2017 aprox.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Mediodía en los pies

El sol me duele como si los rayos en mi cabeza
incitaran una migraña ácida llena de calor
y las diez cuadras esas en pleno asfalto
serruchan las respiraciones.
Es mediodía,
y hace mucho no escribo poesía,
hace mucho que no soy ni la P de poesía
y sin embargo hoy,
hoy...
El sol me duele tanto que
dibuja rayones inmensos en los poros, sacude el sudor
y lo exprime y, mientras tanto
en mi remera mojada se asienta la respiración cansada,
en mis oídos canta la voz llena de whisky fuerte
de un Tom Waits que tapa el sonido de coches y bocinas,
en mis manos cuelgan los dedos
marcando los tiempos que escucho
y en mis pies llega desfasado el hambriento caminar,
el mismo hambriento caminar de todos los días.
escrito el 12/Nov./2015