jueves, 7 de septiembre de 2017

es que no crecí

es que no crecí, y no quiero
leo mi Dailan Kifki como cuando tenía 7
es que no quiero una vejez
sino una juventud sabia hasta la muerte
es que no crecí
aunque mi otro yo me quiera hacer creer que sí
aunque mi otro yo se amolde a lo que se supone debo hacer
aunque mi otro yo me afirme que soy una mujer adulta
no tengo ganas de creerle

es que no crecí
aún me tiro a escuchar a mi abuela en su cama
como antes
aún me río con el Chavo del 8
aún me comporto en situaciones como cuando me tocaba contar en las escondidas:
siempre escapaba con el cuento de que mamá llamaba a cenar
aún me comporto en situaciones como cuando me ponía a mirar películas de animales:
siempre terminaba llorando a escondidas
aún...

es que no crecí, y no quiero
no quiero porque no deseo que me dejen de gustar las enciclopedias llenas de quásares y galaxias
no quiero porque no deseo que me dejen de interesar los fósiles y los crucigramas
no quiero porque no deseo que desaparezca la historia de mis rayuelas
no quiero perder la sensación que me aparecía en las noches de pequeña
donde sentía raro el mundo, donde percibía el todo,
donde tenía miedo
un miedo introspectivo y feroz
una timidez inmensa
una mente solitaria
un rincón con barbies regaladas y jamás usadas
una mesa de naipes con mi abuelo enfrente
un silencio
sepulcral
en el patio
mientras la lluvia me bañaba y yo bailaba feliz imaginando historias

esas mismas historias que hoy imagino
cuando algo me hace sentir chiquita
cuando una mano se posa en mi mejilla
cuando un espejo me dibuja despeinada
y cuando mi otro yo no me anda hinchando
con esa mentira de que crecí
escrito el 07/Sep./2016

lunes, 4 de septiembre de 2017

Nos pican

Acontecieron los mundos
cortaron las calles
vaciaron los basurales
devastaron los mares

encontraron el vicio
en el punto efímero
de un dios hecho llama

sacudieron lo macabro
con voz de emperadores muertos
sedujeron a la humanidad
con realidades opuestas

molieron las semillas
del nacimiento
en un pozo lleno de magma.

El comienzo o el fin del mundo es lo mismo.
Transcurrimos y nos pican
las escamas al rozarnos.

Vos pez
yo pez
ellos canallas pescadores
eructando los tabúes.

Vos agua
yo agua
ellos represas y contaminación
vomitando arbitrariedades.

Vos y yo mundo
arena infinita y constelación
la muerte inexacta
la muerte dulce
la muerte sin muerte
el desapego hacia las cosas de este plano.
Vos y yo todos los planos
invitación al nado
levitación promiscua y célebre
canciones y palabras...

Adoro acudir a cada método que nos reúna
en la decadente destrucción.
escrito el 14/Ago./2017

sábado, 19 de agosto de 2017

La extrañeza

¿El ruido de la moto destruye el silencio?
¿O es la posibilidad de mi percepción la que me hace oír más fuerte el ruido antes que la nada?
¿Cuál es la posibilidad menos posible que quiero transitar ahora?
Leo que Spinetta dijo que cada nota es una esperanza mientras que el silencio no tiene más esperanza que la de ser una nota.
Pienso largamente en ello.
¿Quién soy cuando acude a mí el silencio?
Buena pregunta Julieta.
A veces creo que puedo ser un fantasma de esos que pasan desapercibidos
cuando en el plano del silencio, la muerte toma forma de ruido.
Pero el silencio generalmente es la muerte de algo
(de un acorde de guitarra,
de un portazo,
de un accidente de tránsito,
de un suspiro, etcétera).
Entonces nada me queda claro.
Podría contar que cuando estoy inmersa en mi silencio,
me asaltan las lejanas vacilaciones
donde siento ajenas mi piel y las cosas del mundo,
surge de repente la extrañeza,
o bien la introspección me lleva a recrearme sin cesar
en mil situaciones y personajes que no soy o tal vez sí
pero ahora no.
Podría contar que hay una zona entre la garganta y el pecho
que se lastima cuando el cerebro trabaja de más,
o que escucho diversas voces que hablan de lo que no,
de lo que nada, de lo que casi, de lo que pero.
Y así el silencio me baña de excusas.
Hoy puede ser distinto, me convenzo
pero él crea sus propios símbolos
y quizás también, sus propios tiempos.
Por ejemplo, en este momento estoy hablando en slow,
como si me hubieran ralentizado el alma.
Puede que de eso se trate,
que el silencio sea la pausa de la velocidad
en la meditación del mundo.
Nunca sé si podría encontrar el silencio absoluto.
Todo en el universo vibra con ondas sonoras
y dentro del rango que percibe el oído humano,
creo no poder hallar la ausencia total del sonido.
Tal vez ese sea mi problema.
Tal vez se estén escapando las palabras que dice el silencio
ante tanto barullo.
Tal vez esto que digo es el silencio cansado,
o la esperanza de ser algo más que una nota,
o la esperanza, así, lisa y llana, de no ser vacío.
escrito el 17/Ago./2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Ningún camino conocido

perder
girar
no absorber la dolencia
saber que duele
girar
encerrar
no ver el sol
vomitar  rodear  pedir
necesitar
obedecer
parar   continuar
ganar
morir en la fila de un banco o haciendo trámites
morir mientras una pareja posa frente a un auto nuevo
diciendo bienvenido bebé al brillante vehículo
volver a vomitar
sonreír
vencer
soltar
atraer
olvi dar
poder   sacar   involucrar
caer
caer
pisar
lo que atascaron en la tráquea
lo que se olvidaron de llevar
la angustia
esa ameba a la que tanto le gusta vivir en el tórax
roer  morder  cagar
lo que impusieron
alabar
lo que frenaron
aquello que insultaron
aquello que violaron
sin sed  sin amor  sin búsqueda real
morir de nuevo   aguantar
rezar a un elefante de porcelana que tiene un sahumerio en su lomo
balancear  equilibrar  pulir
pelear
porque
hicieron moco lo nuevo
(la sabiduría es lo único que quiero encontrar)
escupieron todo lo esencial
(la sabiduría es lo único que quiero encontrar)
saber   estar   volar
cada imposibilidad   torcer
curar
ningún camino conocido
corromper
todo
todo
todo
y esperar
escrito en Jun./2017 aprox.

jueves, 3 de agosto de 2017

Anatomía de un espejo

Anatomía de un espejo
síntesis imantada
amor amarillo
duplicidad
complicidad.
Impacto, pacto, extracto.
Solo me queda exprimirme.
Ninguna mueca
ningún hastío.
Coma, punto. Paréntesis abierto.
Te amo.
Paréntesis cerrado.
escrito en May./2017 aprox.

martes, 1 de agosto de 2017

Inercia

Quiero tatuar
este momento
la forma en que se solapa
la cortina
y flamea un poco
por la brisa del ventilador
y se filtra la luz de afuera
y…
Conciencia derribándose
así soy y estoy
tatúo la pared
que dibuja nubes de humedad
cerca del techo.
La luz tenue de nuevo.
La sombra
de mi pie
de mis brazos
de una de mis palmas
abriéndose.
Un momento de inercia pura
y de escape
madrugada
sólo acostarme
mirar
y cuasi dormirme
sobre un colchón de pensamientos.
La ventana es la que observo
antes de dormir
las sombras bailan
en mi cama.
Es un circo
un instante simbólico
o una muralla propia.
Como sea
me gusta contemplarlo así
sorprenderme en la comodidad.
Porque los momentos de soledad
como éste
son deliciosos.
escrito en Mar./2013 aprox.

lunes, 31 de julio de 2017

La asociatividad de las batallas

Una nueva de las que más aturden, una nueva batalla con balas de fuego se abre paso, lleva halcones furiosos, guerreros de espadas de madera. Esa es la nueva que me toca, una batalla con gloria remota, cepillos de dientes a kilómetros uno de otro, madurez pobre pero sensata, perturbación de los sentidos y de la concentración, perdición. Esa es la descripción correcta: perdición.
Una batalla cotidiana que se abre paso entre sonidos difíciles-distintos, claros oscuros, y regreso a la abstracción eterna. Bucles infinitos, ¡infinitos!, que se asocian entre sí y me mandan a matar.
No lo viví antes, o sí pero diferente, o tal vez no al fin. ¿Por qué? ¿Porque condicioné mi destino? ¿Porque tengo responsabilidad en la destrucción a la que recurre mi propia cotidianidad? ¿Porque simplemente me rodeo de todo lo que me lleva a esa misma batalla colosal, como masoquista quejándose y rogando más a la vez?
No sé, pero dejame con mis ocurrencias estúpidas y mis pensamientos turbadores mientras tanto, que las batallas mismas ya me quitan demasiado tiempo, demasiado, peleando sin ganar.
escrito en Abr./2014 aprox.

domingo, 30 de julio de 2017

El eslabón

Le dije Gracias al chofer del colectivo ni bien frené y logré respirar. Corrí desde una cuadra atrás y no sabía, hasta que lo noté sonriendo, si me había visto en tamaño apuro por alcanzarlo. Además, no había nadie esperando en la parada, por lo cual no tenía un motivo para frenar, a no ser que.
Después de reírse y de mi Gracias sonrojado, desplegué la tarjeta y el pip vomitó un boleto. El calor en mi cuerpo me despertó de repente de la pereza matinal, y me reí de mí misma viéndome correr desde la ventanilla, es decir, con los ojos, quizás, del hombre que está a mi izquierda ahora y que parece observar todo con cautela y asombro.
Le dije Gracias al chofer como si su gesto significara el eslabón que perdí la mañana anterior, o la fe en la ternura que también pierdo algunos días. Le dije Gracias al chofer como si me hubiera salvado la vida.
escrito el 28/Jul./2017

viernes, 21 de julio de 2017

De frente y sin espera

Sucedió que en un momento tuve dos soles: uno a la izquierda y el otro a la derecha. Me encandilaban por igual, sentía la calentura exquisita y necesaria mientras el reloj daba las ocho y treinta. Los de repente asiáticos ojos vieron un reflejo perfecto del sol en la ventanilla.
Un portón pintado de violeta fue el escenario ideal para una chica con tacos altos y vestimenta formal que se dirigía en la misma dirección que el colectivo, la fila en el domo ascendía con la persona que se podría contar era la número doscientos, la laguna seguía intacta de luz, un barrio nuevo asomaba cada vez que alguien sonreía o hablaba del casamiento de Messi en alguno de los asientos, y yo iba contenta porque tenía, para mí, dos soles.
Uno a mi izquierda y otro a mi derecha.
Coloqué mis auriculares con la música respectiva en cada oído calentito y receptivo, me hacía la que nada, pero yo sabía que los soles se debatían guerras y jugaban a cuál calentaba más mi carne destemplada y mi desapego.
El mecanismo inconsciente que se descontrola con un mísero trabajo de bacheo; las bocinas y el epitafio de una fila de trámites provocaron que me ría descaradamente con los soles y me pusieran los pómulos colorados. Otra vez la sensación irónica de no ser parte de...
Y así sucedió que el reloj dio las ocho y treinta y seis y el colectivo se encontró con la monótona tarea de doblar cuando hay que doblar y que es como nosotros que tenemos que trabajar cuando hay que trabajar y comer cuando hay que comer y casarse cuando hay que casarse y salir de vacaciones cuando hay que salir de vacaciones y...
El colectivo dobló y se encontró con el este, de frente y sin espera.
Y así fue como, en una lenta pero firme secuencia, mis soles se hicieron uno.
escrito en Jun./2017

miércoles, 21 de junio de 2017

La muerte está echada

Hace un tiempo se recostó la muerte
del lado derecho de mi cama
casi cayendo, está echada,
la muerte enjuga mis ojos, sabe
los caminos que siguen las estrías
de mi espalda, bebe
los conjuros que expulso cada noche en cada sueño.
La muerte está echada, se relame
por cada segundo regalado al clímax, sangra
como un óvulo atardecido, llora
como un ojo cancelado por la verdad, asume
que es única y no sabe
que es muchas y que cada día
la vivo diferente al resto.
Está echada como serpiente alerta,
no me saca la mirada de encima,
a veces frecuenta mis alteraciones de consciencia, me divierte
hacerla perderse, matarse sola,
cubrirse con la nada y asombrarla con la vida,
sus hijos, los orgasmos, le rinden homenajes,
cada tanto, cada siempre, cada vez que explota el universo
y en otro plano, de repente, la encuentro
en uno de tus ojos vencidos
caliente, eterna y siempre nueva, gustando
de a sorbos tu vientre mojado luego,
absorta de luz, echada,
caída después de tanto andar.
escrito el 06/Jun./2017

martes, 13 de junio de 2017

Veinte leyes para la vida

Un buen día me pregunté qué es esencial para la vida, para que la vida sea más linda y menos laputamadrequéhagoyoacá. Bueno, salieron estas leyes para la vida que, según mi parecer, son sumamente necesarias y hasta de vida o muerte cumplirlas. Para no ser un muerto que respira, claro.

1) Convierta las pelotudeces de los demás (o los actos de los pelotudos) en sabios discernimientos para no ser ud. un pelotudo.
2) No sea chismoso/sa: ser chismoso crea fantasmas propios, aires de vieja resentida y arrugas tempranas.
3) Cambie de vez en cuando sus muebles de lugar, para que no se aburran los pobres y ud. crea que está viviendo en otra casa.
4) Camine frecuentemente hacia los mismos lugares pero cambiando de camino cada vez.
5) Fume una pipa y consiga un buen sillón para escuchar Jethro Tull (una vez por mes al menos).
6) Lea.
7) Escuche sus intuiciones aunque no crea mucho en ellas. Siga el 70% de sus intuiciones en sus decisiones.
8) No critique las maneras de vestirse de los otros...A nadie le importa qué tiene puesto el de enfrente a la hora de amar.
9) Perfume y ventile su casa, y póngale música.
10) Juegue cada tanto a la rayuela con y como un niño.
11) Métase sin dudar en el pogo de algún recital al menos una vez en su vida, si ya no lo hizo. Sino, hágalo de nuevo. Empuje y déjese empujar. Cante a gritos mientras. Salte.
12) Pinte un dibujo o un cuadro, aunque no sepa pintar.
13) Junte hojas de árboles durante un tiempo, y luego obsérvelas, compárelas y envídielas.
14) Baile tango mientras cocina, aunque no sepa bailarlo.
15) Use cartelitos para anotaciones importantes, recordatorios, etc., y péguelos con cinta en lugares estratégicos, como ser en la pava para el mate o en el reloj de pared.
16) Haga crucigramas todas las semanas. Agiliza la mente.
17) Tenga relaciones sexuales en la cama, en el sillón, en la mesa, en la ducha, en el auto, en sus pensamientos, etc., en todos los lugares que se le ocurra.
18) Admita sus debilidades y vulnerabilidades...frente a las personas correctas.
19) Tararee canciones mientras limpia, estudia, trabaja, despierta o va a dormir.
20) No se haga preguntas estúpidas a ud. mismo, del estilo "Cuál es el sentido de mi vida?", etc., porque pierde el tiempo al divino botón. Viva y punto.
escrito en Abr./2012 aprox.

lunes, 12 de junio de 2017

Mañana o pasado

Y entro acalorada a casa después de la caminata acompasada, digo “esto está muy cerrado” y me dispongo a llenarla de olor a sahumerio de sándalo, mientras abro a medias la ventana que da a la calle. Un par de libros que no se sienten menos ignorados que ayer porque los apuntes son más urgentes de leer. Y las estupideces del mundo. Toda esa combinación de elementos, a la vez y sin culpa de presentarse. El ruido, cállense por favor, por qué hablarán así de fuerte, y la tele con el volumen a más no poder. Así es, día a día, pero con calma, me acostumbro a la soledad de mi concentración.
Me resuena el “estás loca vos”, y pensar que me lo dicen así de mala manera, y pensar que a mí me suena a piropo, a cumplido, a “sí, y estoy orgullosa de ello”. Aromatizando con sahumerio las ganas de volverme inerte, “tráiganme una guitarra, un crucigrama o un poroto”, para dispersar mi ansiedad, enfermedad oscura y constante que se agolpa entre mi cerebelo día y noche, noche y día; en casos como éste, más aún. La siesta es para la gente la religión inmediata, la siesta para mí es la intención de la muerte de las cosas, es la búsqueda de algo, es gritar en silencio, es caer las lágrimas escuchando Mañana o pasado, pero shhh, que nadie cuente a nadie que he llorado con esa canción, es un secreto entre yo y yo. Es un secreto de esa muerte preparada pura y exclusivamente para la siesta. Sobre todo, para la siesta de lloviznas.
En cambio, por la noche es distinto. Mi ansiedad se refleja en otras cosas, los ruidos son más ajenos, ya no queda olor a sándalo, mi cabeza apoyada sobre la almohada advierte que le toca soñar despierta, y después sólo después, dormir. Esa es la manera que encontré por ahora para sobrevivir: imaginar todo antes de dormir. Es como una terapia, es MI religión inmediata, es fácil y hasta lo puedo lograr aunque vuelvan los ruidos que provienen de afuera. Porque todo pasa justamente por mi cabeza, rodeando la almohada, rodeando la cordura (“estás loca vos”), rodeando las últimas conciencias antes de ir a parar a la vía del onirismo que nos lleva quién sabe a dónde, entre imágenes confusas y absurdos símbolos, que llamamos “sueños”. Completamente desnuda de vergüenzas, es ahí donde me busco a mí misma, durante la noche antes de dormir. Y anhelo lograr lo que soñé despierta. Mañana o pasado. Mejor mañana, y con el pasado pisado, bien pisado.
Otro día es, ya soñé las cosas confusas sin sentido. Se volvieron repetición las cosas más simples, pero seguramente, lo que sueñe despierta esta noche será otra cosa totalmente distinta a la que soñé (pensé) ayer. Sólo serán repetición la cotidianeidad de la supervivencia, el entrar a casa después de un día ocupado, acalorada por la caminata acompasada y el pensar con el sahumerio en mano: “Esto está muy cerrado”.
escrito en May./2012 aprox.

domingo, 11 de junio de 2017

Ut canibus

Los canes, canibus, los ladradores del abismo,
los viejos y nuevos
movedores de colas, los manchados
y heridos, perpetrados y perpetuados
en dientes demoledores, infames hocicos,
nosotros, los sub-lobos, los cánidos cautivos,
casi sin domesticar, casi domesticados,
gruñendo la rama que nos tiraron lejos.

Partimos de un comienzo amputado
seguimos con el tiempo entre dientes, afilado
el hueso roído, la sed insaciable,
y morimos ya sin tiempo, sin raza, sin calle
sin sombra, sin colmillos,
renacimos, empezamos de nuevo, pelo a pelo
garra a garra.

Los canes, canibus, nosotros los perros
con la magia a cuesta y el aullido familiar
ese que nos transporta a la más potente vida sin amo
perros porque sí, animales
con el juego en la sangre, con el instinto por demás
creyendo
en la carne que devoramos, en el agua que nos deleita,
en la cucha que nos tocó, en la paz del río que atravesamos
a nado y contracorriente
nosotros, siempre en la lucha de conseguir comida
para el alma
nosotros los que vencemos
esa manía de temer si nos levantan la mano
con un cascote en el puño

sí que cascoteen
sí que nos quieran invadir
sí que nos puteen
sí que no nos comprendan
sí que nos quieran castrar
sí que nos impongan reglas
sí que nos quieran callar los ladridos
sí que nos hagan morir de hambre

porque nosotros, los perros, sólo necesitamos
el dolor inmerso en la existencia para unirnos aún más
necesitamos el miedo que arrastran cuando mordemos sus tobillos
y el grito perenne de la angustia que atraviesa
la noche, la luna, la ciencia del amor,
para sabernos más perros que antes, más canes-lobos-locos
más palabra gritada, más abrazo peludo
más oídos preparados, más ironía aceptada
para que la compañía en la jungla de cemento
se haga poesía.
escrito en Nov./2016 aprox.

sábado, 10 de junio de 2017

Estás ahí, constante

Aparecés de golpe, como siempre.
Me rodeás, vas y venís
¡y atormentás a mis oídos!.
Llegás con la única intención
de molestarme abiertamente.
No importa en cuál estación
ni circunstancia.
Estás ahí, constante. Lleno de mí.
Te odio cuando hacés eso
Te detesto. Y cuando te busco
Sabés como enconderte,
y te escondés nomás, te burlás de mí.
Pero yo sé que me necesitás, idiota.
(Yo sé que me necesitás idiota).
En el preciso instante,
donde vuelva a verte
donde vuelvas a rodearme
te voy a derribar de una buena vez…
mosquito hijo de puta.
escrito en May./2012 aprox.

miércoles, 7 de junio de 2017

Demasiadas preguntas

Principios de llanura, inconscientes
como todo sendero prehistórico al desierto.
Camino pisando el césped frío.
Mi sangre hace metástasis de calor y vibra.
Ningún puño nace vacío, ningún anhelo nace quebrado.
Resguardo la palabra entre los dedos,
no hay magia en ojos ciegos.
Me expando en círculos aleatorios hasta una guarida
que contiene todos los amuletos necesarios para continuar luego el camino.
No hay rostro cuando miro al espejo
y sin embargo, todo aquel que me mira sabe quien soy.
No hay piel cuando la quemo con fuego y sin embargo,
todo lo que toco se vuelve cicatriz en mí.
Me despierto en penumbras y en penumbras nado.
No sostengo ningún afán de mentirme en los reflejos.
Soy
como una bola de fuego que baila
en la superficie del agua.
Así de cínica es mi carne y así de imposible
mi búsqueda.
En cada rincón del mundo
planeo burlar la muerte.
Y aunque siempre pierdo, lo reintento
como el brote que renace de un árbol talado.
Mi objetivo es preciso:
vivir en un columpio vertiginoso y libre
que liquide desesperanzas y socorra voluntades.
A veces vuelvo a nadar en aguas imaginarias;
no fatalizo la muerte
pero ella me hace demasiadas preguntas.
escrito en Abr./2017 aprox.